
Si te preguntas cómo estudiar para un examen con un temario enorme y poco tiempo, la respuesta corta es ponerte a prueba en vez de volver a leer. Aquí verás por qué funciona, 5 formas de hacerlo y cómo saber cuándo un tema ya está bien dominado.
¿Cuál es la mejor forma de estudiar para un examen?
La mejor forma de estudiar para un examen es ponerte a prueba: intentar traer a la memoria lo que estudiaste, sin mirar los apuntes, en vez de volver a leerlos. Ese esfuerzo por recordar se llama active recall y es, junto con repartir el estudio en el tiempo, una de las técnicas con más respaldo que existen.
Releer tiene un problema: promueve la «ilusión de saber». Cuando lees un tema por segunda o tercera vez, todo te suena, y esa sensación de familiaridad se parece mucho a saberlo. En el examen, sin el texto delante, descubres que una cosa era reconocer y otra muy distinta recordar.
Ponerte a prueba hace lo contrario: te muestra, antes del examen, qué sabes de verdad y qué solo te sonaba. Y el propio intento de recordar deja una huella más profunda que una lectura más.
Releer o ponerte a prueba: ¿qué funciona mejor?
Roediger y Karpicke (2006, Psychological Science) lo midieron con 120 estudiantes.
Cada estudiante leyó dos textos breves (uno sobre el Sol y otro sobre las nutrias marinas), 7 minutos cada uno. Lo que cambió fue lo que hizo después con cada texto.
Uno de los dos textos lo volvió a leer durante otros 7 minutos. Con el otro, cerró el texto y escribió en una hoja todo lo que recordaba, sin mirar y sin que nadie le corrigiera nada.
Después, cada estudiante dio una prueba final sobre ambos textos: a los 5 minutos, a los 2 días o a la semana (40 estudiantes en cada momento).
Estos son los resultados (porcentaje de ideas del texto que recordaban):
- A los 5 minutos: 81% del texto releído, 75% del texto en que se pusieron a prueba.
- A los 2 días: 54% del texto releído, 68% del texto en que se pusieron a prueba.
- A la semana: 42% del texto releído, 56% del texto en que se pusieron a prueba.
Al principio gana releer. Con el tiempo se da vuelta: a la semana, recordaban un tercio más del texto en que se habían puesto a prueba.
Y atención al detalle: en un segundo experimento del mismo estudio, quienes solo releían eran justamente quienes más confiaban en que lo recordarían una semana después. Pero el examen llega días o semanas más tarde, y ahí manda lo que te obligaste a recordar.
Cómo ponerte a prueba al estudiar: 5 formas de hacerlo
1. Cierra los apuntes y escribe lo que recuerdas
Es exactamente lo que hicieron los estudiantes del experimento con uno de los dos textos. Terminas de estudiar un tema, cierras todo y escribes en una hoja en blanco (o en un documento vacío) lo que recuerdes: ideas, cifras, nombres, el orden de los pasos.
Cuando ya no salga nada más, abre los apuntes y compara. Lo que faltó o salió cambiado es tu lista de pendientes para la próxima vuelta. Y no importa que quede desordenado: una hoja llena de flechas y tachones sirve igual.
2. Convierte cada tema en preguntas
Mientras estudias, en vez de resumir, anota preguntas. Si el tema es la insuficiencia cardiaca, en lugar de copiar la tabla de fármacos escribe «¿Qué fármacos han demostrado reducir la mortalidad en insuficiencia cardiaca con fracción de eyección reducida?», y deja la respuesta en otra página o al reverso de una tarjeta.
Al día siguiente, o en la siguiente vuelta al temario, respondes las preguntas sin mirar. Un resumen te permite leer, pero una pregunta te fuerza a recordar. Las tarjetas tipo Anki hacen justo esto, con la ventaja de que te van repartiendo las preguntas en el tiempo.
3. Hazte una prueba antes de estudiar (efecto del pretest)
Suena contraintuitivo, pero funciona: responder preguntas de un tema que todavía no has estudiado, aunque las falles, mejora lo que recuerdas de ese tema después de estudiarlo. El intento fallido te deja con la pregunta abierta (reactiva ciertas huellas de la memoria), y cuando la respuesta aparece en el texto, encaja perfecto en ese «hueco cognitivo».
En la práctica: antes de abrir el capítulo de antibióticos, intenta responder un bloque de preguntas de ese capítulo (las de un banco de preguntas o las del final del libro). Vas a fallar bastante. Todo bien: es parte del método. Luego estudia el tema y verás que las respuestas se retienen con menos esfuerzo.
4. Resuelve exámenes anteriores
Un examen pasado (o un simulacro) es la prueba más parecida a la real, así que conviene hacerlo en condiciones reales: con tiempo, sin apuntes y sin pausas para «solo confirmar un dato». Al terminar, revisa cada pregunta, incluidas las que acertaste de casualidad.
Y mezcla los temas. Un simulacro con cardiología, infectología y nefrología revueltas te obliga a reconocer primero de qué va cada pregunta, igual que en el examen. Es más difícil que practicar un tema a la vez, y justamente por eso rinde más: te lo explico en este artículo sobre aprendizaje intercalado.
5. Explícalo en voz alta, sin mirar
Elige un tema y explícalo como si tuvieras a alguien delante tuyo. La clave es hacerlo sin apoyo, sin el libro abierto ni el esquema a la vista.
Explicar en voz alta te obliga a ordenar las ideas. Si te trabas a mitad de la explicación, ahí tienes un vacío que rellenar: vuelve a los apuntes, llena ese punto y repite la explicación. Y si te ayuda caminar mientras lo haces, mejor: estudiar con el cuerpo también suma.
Todo esto se apoya en un método de memoria. Lo enseño completo en un taller gratuito.
¿Qué hacer cuando no te acuerdas de una respuesta?
Date unos segundos de intento honesto y, si no sale, mira la respuesta. Léela con atención, marca esa pregunta y vuelve a ella más adelante, en la misma sesión o en la siguiente vuelta. Nada de quedarte diez minutos en blanco: desgasta y rinde poco.
Equivocarte es parte del método. La respuesta que no te salió y fuiste a buscar suele quedar mejor retenida que la que leíste de corrido. Lo único que no sirve es saltarse el intento y mirar de inmediato.
¿Cada cuánto ponerte a prueba antes del examen?
Reparte las pruebas en el tiempo. Ponerte a prueba cinco veces el mismo día rinde menos que hacerlo cinco veces repartidas en dos semanas, porque cada intento llega cuando ya empezaste a olvidar, y ese esfuerzo es justo lo que te ayuda a retener (lo explico en la curva del olvido).
No hace falta un calendario exacto por tema. Lo que mejor les ha funcionado a nuestros estudiantes (históricamente) es recorrer el temario completo de principio a fin, ponerse a prueba al cerrar cada tema y, al terminar la vuelta, empezar otra lo antes posible. Cada vuelta es más rápida que la anterior. Confía en el proceso.
Entre una vuelta y otra, un simulacro con todo mezclado te dice en qué temas vas bien y cuáles necesitan una pasada más. Es buena idea incorporar simulaciones de forma frecuente.
¿Cómo saber si ya dominas la materia del examen?
Tienes tres señales, y conviene que se cumplan juntas. Puedes responder sin mirar. Puedes hacerlo con las preguntas mezcladas, sin saber de qué tema viene la siguiente. Y puedes hacerlo días después de haber estudiado el tema.
Si solo puedes evocar bien un tema recién estudiado y en orden, todavía estás «reconociendo». Si lo recuperas igual de bien el martes siguiente, con el tema «frío» y la pregunta metida entre otras veinte de otros temas, ese tema ya está listo para el examen. Felicidades.
Y si un dato se te resiste vuelta tras vuelta (una dosis, un valor de corte, los criterios de una escala), asócialo usando una mnemotecnia en vez de repasarlo una vez más.
En resumen
Estudiar para un examen poniéndote a prueba significa cerrar los apuntes e intentar recordar, una y otra vez, para detectar tus vacíos antes de que los descubras el día del examen.
Aprende a memorizar temarios completos al pie de la letra con las mismas estrategias de un récord mundial de memoria:
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Preguntas frecuentes sobre cómo estudiar para un examen
¿Sirve releer los apuntes antes de un examen?
Sirve para una primera pasada y para repasar lo que ya fallaste al ponerte a prueba. Como método principal rinde poco: te da sensación de dominio porque el texto te suena, pero esa familiaridad desaparece en pocos días. Si vas a releer, que sea después de intentar recordar, para llenar lo que faltó.
¿Qué es el efecto del pretest?
Es la mejora en lo que recuerdas de un tema cuando intentas responder preguntas sobre él antes de estudiarlo, aunque las falles. El intento deja la pregunta abierta en tu cabeza y, al leer la respuesta, encaja en ese hueco. En la práctica: haz las preguntas del capítulo antes de leerlo.
¿Cuántas veces conviene ponerse a prueba?
Más de una, y repartidas en el tiempo. Una buena base es ponerte a prueba al cerrar cada tema, volver a hacerlo en la siguiente vuelta al temario y sumar un simulacro con todo mezclado entre una vuelta y otra. Las preguntas que fallaste se revisan más veces que las que ya salen solas.
¿Sirve estudiar en voz alta?
Sí, siempre que sea sin mirar. Explicar un tema de corrido, como si alguien te escuchara, te obliga a ordenar las ideas y a completarlas, y te muestra enseguida dónde te trabas. Leer en voz alta con el texto delante sirve mucho menos: ahí vuelves a releer, solo que con sonido.
¿Cómo estudiar para un examen tipo test?
Con preguntas tipo test, desde el principio y mezclando temas. Resuelve bancos de preguntas o exámenes anteriores en condiciones reales (con tiempo y sin apuntes), y revisa cada pregunta al terminar, incluidas las acertadas de casualidad. Convierte lo que fallaste en preguntas propias y vuelve a ellas en la siguiente vuelta.
Referencias
- Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J., & Willingham, D. T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques: Promising directions from cognitive and educational psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58. https://doi.org/10.1177/1529100612453266
- Richland, L. E., Kornell, N., & Kao, L. S. (2009). The pretesting effect: Do unsuccessful retrieval attempts enhance learning? Journal of Experimental Psychology: Applied, 15(3), 243–257. https://doi.org/10.1037/a0016496
- Roediger, H. L., & Karpicke, J. D. (2006). Test-enhanced learning: Taking memory tests improves long-term retention. Psychological Science, 17(3), 249–255. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2006.01693.x


